Andarse con rodeos.
Emociones y Opiniones. El rojo al contrario del blanco denota ira, furia y emociones, . Cuando nos ponemos el sombrero rojo podemos expresar nuestro sentir por algo, sin que haya la necesidad de dar explicaciones para ello. Siempre hemos creído que en una discusión debemos ser objetivos pues las emociones no nos permiten pensar bien. Pero tenemos una pregunta, qué ocurre si una persona que tiene una amplia experiencia (de muchos años), recibe una idea y quiere expresar su sentir que transmite toda su experiencia aunque no puede describir objetivamente el por qué de ese sentir. ¿Se debe desestimar esta opinión?.........No, porque de lo contrario estamos perdiendo un valioso aporte de la experiencia de muchas personas. Todas las pasiones atraviesan una etapa en que son pura fatalidad, abismando a su víctima por el peso de la insensatez, y por otra, muy posterior, en que se desposan con el espíritu, se “espiritualizan”. En tiempos pasados, a causa de la insensatez inherente a la pasión, se hizo la guerra a la misma trabajando por su destrucción; todos los antiguos monstruos de la moral coincidían en exigir: “hay que acabar con, las pasiones”. La fórmula más célebre al respecto está en el Nuevo Testamento, en ese Sermón de la Montaña, donde, dicho sea de paso, nada se contempla desde lo alto. Allí se dice, por ejemplo, con respecto a la sexualidad: “Si te fastidia tu ojo, sácalo.” Por fortuna, ningún cristiano cumple tal precepto. Destruir las pasiones y los apetitos nada más que para prevenir su insensatez y las consecuencias desagradables de su insensatez se nos antoja hoy, a su vez, una mera forma aguda de la insensatez. Ya no admiramos a los dentistas, que extraen los dientes para que no duelan más... Ahora bien, admitamos en honor a la verdad que en el clima en que nació el cristianismo ni podía concebirse el concepto “espiritualización de la pasión”. Sabido es que la Iglesia primitiva luchó contra los “inteligentes” en favor de los pobres de espíritu; ¿cómo iba a librar a la pasión una guerra inteligente? Combate la Iglesia la pasión apelando a la extirpación de todo sentido; su práctica, su “cura”, es la castración. Jamás pregunta: “¿Cómo se hace para espiritualizar, embellecer, divinizar un apetito?” En todos los tiempos ha hecho recaer el acento de la disciplina recomendando la exterminación de la sensualidad, el orgullo, el afán de dominar, la codicia y la sed de venganza. Mas atacar por la base las pasiones significa atacar por la base la vida misma; la práctica de la Iglesia es antivital... Al mismo recurso, el de la castración, exterminación, apelan instintivamente, en la lucha contra tal apetito, aquellos que son demasiado débiles de voluntad, demasiado degenerados para refrenarlo; aquellos que alegóricamente (y no alegóricamente) necesitan hablar de la Trappe, alguna categórica declaración de guerra, un divorcio establecido entre ellos y tal pasión. Sólo los degenerados tienen necesidad de remedios radicales: la debilidad de la voluntad, más exactamente, la incapacidad para no responder a un estímulo, no es sino una forma distinta de la degeneración. La enemistad radical, mortal hacia la sensualidad, es un síntoma que da mucho que pensar; permite sacar conclusiones respecto al estado total de la persona que llega a tal extremo. Por lo demás, esa enemistad, ese odio, sólo se exacerba a tal punto si tales personas ni siquiera., tienen ya energías suficientes para efectuar la cura radical, expulsar su “demonio”. Pasando revista a toda la historia de los sacerdotes y filósofos, aparte la de los artistas, se comprueba que las diatribas más violentas contra los sentidos parten no de los impotentes, ni tampoco de los ascetas, sino de los ascetas fallidos, de aquellos que debieron ser ascetas... Valor natural del egoismo. El egoísmo vale lo que vale fisiológicamente el que lo practica; puede valer mucho, pero puede también ser ruin y despreciable. Ante cada individuo cabe preguntar si representa la curva ascendente o la descendente de la vida. Esta dilucidación proporciona al mismo tiempo el canon para determinar el valor de su egoísmo. Si representa la curva ascendente, su valor ciertamente es extraordinario, y por la vida total que con él da un paso más hacia adelante se justifica incluso la preocupación extrema por sobrevivir, por crear su optimum de condiciones. El “individuo”, tal como el vulgo y el filósofo lo han entendido hasta ahora, es un error no es nada por sí; no es un átomo, un “eslabón de la cadena”; no es nada meramente transmitido en herencia; es también todo el único linaje humano anterior a él... Si representa la curva descendente, la decadencia, la degeneración, enfermedad crónica (las enfermedades son, en definitiva, consecuencias de la decadencia, no sus causas), tiene poco valor y la equidad elemental exige que quite lo menos posible a los íntegros y cabales. Ya no es más, en definitiva, que su parásito... Cristiano y anarquista. El anarquista, como portavoz de capas décadents de la sociedad, reivindica con hermosa indignación “justicia” e “igualdad de derechos”, se halla bajo la presión de su ignorancia, no sabe comprender por qué sufre y, en definitiva, es pobre en vida... Obra en él un impulso causal: alguien debe tener la culpa de su mala situación... Por otra parte, su enorme indignación le hace bien; es un placer lanzar diatribas en nombre de todos los pobres diablos, ya que proporciona una pequeña embriaguez de poder. La sola queja, el solo hecho de quejarse, confiere a la vida un encanto que la hace llevadera; en toda queja hay una dosis sutil de venganza, uno reprocha su malestar, eventualmente hasta su maldad, como si fuese una injusticia, un privilegio ilícito, a los que no comparten su condición. “Si yo soy canaille, tú también debes serlo”-tal es la lógica que inspira la revolución-. La queja nunca vale nada, es un producto de la debilidad. Lo mismo da, en definitiva, que uno eche la culpa de su malestar a otros, como el socialista, o a sí mismo, como, por ejemplo, el cristiano; lo que en los dos casos hay de común y de indigno es que hacen a alguien responsable de su sufrimiento; en una palabra, que el que sufre se receta contra su sufrimiento la miel de la venganza. Los objetos de esta necesidad de venganza, que viene a ser una necesidad de placer, son causas accidentales; el que sufre encuentra por doquier motivos para satisfacer su mezquino afán vindicativo; si es cristiano, los encuentra, como queda dicho, en sí mismo... Tanto el cristiano como el anarquista son décadents. Mas también el cristiano, cuando repudia, difama y vitupera al “mundo”, lo hace llevado por el afán que impulsa al trabajador socialista a repudiar, difamar y vituperar la sociedad; aun el “juicio final” es el dulce consuelo de la venganza, la revolución deseada por el trabajador socialista, proyectada en un futuro un tanto más lejano... El propio “más allá”, ¿no es en el fondo un medio de difamar este mundo? ... Crítica de la moral de decadencia. Una moral “altruista”, una moral que comporta la atrofia del egoísmo, es bajo todas las circunstancias una mala señal, respecto a los individuos y, en particular, respecto a los pueblos. Falla lo mejor si empieza a fallar el egoísmo. Optar instintivamente por lo que lo perjudica a uno, sentirse atraído por motivos “desinteresados”, es casi la fórmula de la decadencia. “No buscar su propia ventaja” es tan sólo la hoja de parra moral para disimular esta realidad muy diferente, esto es, fisiológica: “No soy ya capaz de encontrar mi propia ventaja”... ¡Disgregación de los instintos! Cuando un hombre se vuelve altruista, quiere decir que está perdido. En vez de decir ingenuamente: “Yo ya no sirvo para nada”, dice la mentira moral por boca del décadent: “Nada vale nada; la vida no vale nada...” Tal juicio constituye, en definitiva, un grave peligro, pues es contagioso; no tarda en proliferar por toda la extensión del suelo mórbido de la sociedad, hasta quedar transformado en una tupida vegetación conceptual, ya como religión (cristianismo) o como filosofía (schopenhauerianismo). Tal vegetación venenosa, brotada de la podredumbre, es susceptible de infectar con sus miasmas vastas áreas de la vida por espacio de milenios... Desgraciadamente mi hermana se ha convertido en una amiga mortal de L[ou]; su indignación moral ha durado todo el tiempo. Ahora pretende saber lo que significa mi filosofía. Ha escrito a mi madre que había visto mi filosofía entrar en la vida de Tautemburg y que está asustada, yo amo el mal, pero ella ama el bien. Si fuera católica entraría en un convento “para expiar el daño que se producirá”. Resumiendo, tengo a “la virtud” de Naumburg en contra: se ha producido una verdadera ruptura entre nosotros; y mi madre fué tan lejos al pronunciar cierta palabra que hice mi maleta y a la mañana siguiente, temprano, marché a Leipzig. Mi hermana (que no quería venir a Naumburg en tanto yo estuviera allí y que aún está en Tautenburg) hizo un comentario irónico sobre las cosas: “así empezó la caída de Zaratustra”. De hecho es el inicio del comienzo. Esta carta es para ti y para tu querida esposa, no me tomen por un misántropo. De todo corazón. En lo que concierne al amigo R[ée], me paso lo mismo siempre [desde Génova], no puedo asistir al lento hundimiento de una naturaleza extraordinaria sin ponerme furioso ¡Esta falta de objetivos! ¡Y por ello mismo este poco deseo por los medios, por el trabajo, esta carencia de aplicación e incluso de exactitud cient[ífica] ¡Ese incesante despilfarro! ¡Si al menos fuera un derroche por el placer de derrochar! Pero tiene todo el aspecto de la mala conciencia. Veo por todas partes los defectos de la educación, un hombre debe ser educado para ser soldado, en cualquier sentido. Y la mujer debe ser educada para ser la mujer del soldado, en cualquier sentido. No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Que les importa a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente. Por esto he llegado a la comprensible razón de mi situación, después de haber tomado por desesperación una increíble dosis de opio: en vez de haber perdido la razón parece que finalmente me viene. Por lo demás he estado enfermo durante semanas: y si les digo que durante 20 días el tiempo aquí ha sido como en Orta, mi estado les parecerá más comprensible. Pido a Lou que me perdone todo -prometo- sólo intentar hacer lo mismo: quizá tenga la ocasión de perdonarle también algo a ella. Considere Usted que yo provengo de circulos donde toda mi evolución se considera recriminable y se la recrimina; fue sólo una consecuencia de que mi madre, el año pasado, me llamara “afrenta para la familia” y “una vergüenza para la tumba de mi padre”. Mi hermana... me ha declarado su franca enemistad hasta que emprenda el camino de vuelta y me esfuerce “en llegar a ser una persona buena y auténtica”. Ambas me consideran un “egoista, frío y duro de corazón”; también Lou antes de conocerme más cerca tenía de mí la opinión de que era un carácter vulgar del todo y bajo, “siempre dispusto a aprovecharme de los otros para mis fines”; Cosima ha hablado de mí como de un espía que se introduce en la intimidad de otros y que, cuando la tiene, hace de ella lo que quiere; Wagner es rico en malas ocurrencias; pero ¿qué dice Usted del hecho de que intercambiara cartas (incluso con mis medicos) para manifestar su convicción de que mi cambio de modo de pensar se debía a vicios perversos, suguiriendo la pederastia? Finalmente: sólo ahora, tras la publicación del Zaratustra, llegará lo peor, dado que con mi “libro santo” he desafiado a todas las religiones. Me acabo de mirar al espejo; nunca había visto semejante aspecto. Un buen humor ejemplar, bien alimentado y diez años más joven de lo permitido.. En mi trattoria consigo sin duda los mejores bocados que hay: siempre se me indica lo que en ese momento está especialmente logrado... Aquí el sol sale un día tras otro con la misma implacable plenitud y claridad; la espléndida esbeltez del árbol en candente amarillo, el cielo y el gran río de un tierno azul, el aire de la mayor pureza: un Claude Lorrain como había soñado verlo... En todos los aspectos encuentro esto digno de vivirse... Mi habitación, emplazamiento de primera en el centro, sol desde tempranas horas hasta la tarde, vistas al pallazzo Carignano, a la piazza Carlo Alberto y, más allá a las verdes montañas: 25 francos al mes con servicio, incluida la limpieza de botas. En la trattoria pago por cada comida 1 franco con 15 y añado, cosa que sin duda se toma como excepción otros 10 céntimos. A cambio obtengo una porción muy grande de minestra, bien sea seca, o bien en bouillon... Entonces escribí a las cortes europeas, en una arrogancia heroico-aristofánica, una proclama para aniquilar a la casa Hohenzollern, esta raza de criminales e idiotas escarlata desde hace más de cien años; para ello dispuse del trono de Francia, incluida Alsacia, declarando emperador a Víctor Buonaparte, el hermano de nuestra Laetitia, y nombrando embajador de mi corte a mi distinguido Ms. Bourdeau A la princesa Ariadna, mi amada. Es un prejuicio que yo sea un ser humano. Pero ya he vivido entre los hombre y conozco todo lo que los hombre pueden experimentar, desde lo más mínimo hasta lo más alto. Yo he sido entre los indios Buda, en Grecia Dionisos, Alejandro y Cesar son mis encarnaciones, igual que el poeta de Shakespeare, Lord Bacon. Por último fui además Voltaire y Napoleón, quizás también Richard Wagner... Pero esta vez vengo como el triunfante Dionisos, que hará de la Tierra un día festivo... No es que tenga mucho tiempo... Los cielos se alegran de que yo este aquí... También he estado colgado en la cruz...”
Ir de mal en peor.
Uno de ellos consiste en reducir la escala de la producción, haciendo que las 900 libras basten para mantener en marcha el trabajo tanto durante el período de trabajo como durante el período de circulación de la primera rotación. De este modo, al comenzar la 10ª semana se inicia un segundo período de trabajo, y por tanto un segundo ciclo de rotación, antes de terminar el primero, pues, como hemos dicho, el ciclo de rotación dura doce semanas y el período de trabajo nueve, 900 libras esterlinas repartidas entre 12 semanas arrojan 75 libras semanales. En primer lugar, es evidente que este acortamiento de la escala del negocio supone un cambio de dimensiones del capital fijo y, por tanto, en general, una inversión de capital más reducida. En segundo lugar, habría que ver si esta reducción es factible, ya que, con arreglo al desarrollo de la producción en las distintas industrias, existe un límite normal mínimo de inversión de capital por debajo del cual una empresa no se halla en condiciones de competir con las demás. Y este límite normal mínimo aumenta constantemente, además, con el desarrollo capitalista de la producción: no es, pues, un limite fijo. Entre el límite normal mínimo existente en cada caso y el límite normal máximo que va creciendo constantemente se dan numerosos grados intermedios, existe una zona media que admite variantes muy diversas de inversión de capital. Por consiguiente, dentro de los límites de esta media puede operarse una reducción cuyo limite es, en cada caso, el mínimo normal. En los casos de entorpecimiento de la producción, de abarrotamiento de los mercados, de encarecimiento de las materias primas, etc., se opera una reducción de la inversión normal de capital circulante, partiendo de una base dada de capital fijo, mediante la reducción del tiempo de trabajo, por ejemplo reduciendo la jornada de trabajo a medio día; del mismo modo que, en épocas de prosperidad y siempre sobre una base dada de capital fijo, se observa una extensión anormal del capital circulante, bien mediante la prolongación de la jornada de trabajo, bien mediante la intensificación de éste. En empresas que cuentan ya de antemano con estas oscilaciones, se emplean unas veces los recursos apuntados y otras veces se recurre al empleo simultáneo de un número mayor de obreros, combinado con el empleo de una reserva de capital fijo, por ejemplo de locomotoras de reserva en los ferrocarriles, etc. Sin embargo, aquí situamos el problema en las condiciones normales, por cuya razón deben dejarse a un lado estas oscilaciones anómalas. GirlsBCN su producción la naturaleza específica del producto o del efecto útil que se trata de obtener, se requiere una inversión constante, adicional, de capital circulante (salarios, materias primas, materias auxiliares), ninguna parte del cual reviste una forma susceptible de circulación y que pueda servir, por tanto, para renovar la misma operación; por el contrario cada una de sus partes se halla incorporada sucesivamente al producto en marcha dentro de la órbita de la producción, como parte integrante de él, vinculado al capital productivo. El tiempo de rotación es igual a la suma del período de producción y del periodo de circulación del capital. Por consiguiente, al alargarse el periodo de producción el ritmo de rotación disminuye, exactamente lo mismo que si se alarga el período de circulación. En el caso que estamos examinando hay que tener en cuenta, sin embargo dos cosas: Girls BCN Sainte-Beuve: No tiene ni pizca de virilidad; rebosa un odio mezquino frente a todos los espíritus viriles. Vaga sutil, curioso, aburrido, fisgón; en el fondo, mujer, con un rencor y una sensualidad muy femenina. Como sicólogo, un genio de la maledicencia; pródigo, inagotable en medios para tal fin; nadie como él para emponzoñar elogiando. Plebeyo en sus instintos más soterrados y afín al resentimiento de Rousseau: por ende, romántico; pues bajo todo romantisme el instinto de Rousseau clama, rencoroso, venganza. Revolucionario, pero contenido ajustado por el miedo. Sin libertad ante todo lo que tiene fuerza (la opinión pública, la Academia, la Corte, hasta Port Royal). Furioso con todo lo grande en los hombres y las cosas, con todo lo que cree en sí. Lo suficientemente poeta y semi-mujer para sentir lo grande aun como poder; retorciéndose constantemente, como ese famoso gusano, porque constantemente se siente pisoteado. Como crítico, sin criterio ni sustancia, con el paladar del libertino cosmopolita para variadas cosas, pero sin tener valor ni siquiera para admitir el libertinaje. Como historiador, sin filosofía, sin el poder de la mirada filosófica; es, por consiguiente, por lo que en todos los asuntos principales repudia la tarea de juzgar bajo la máscara de la “objetividad”. Muy otra actitud observa ante todas las cosas donde un gusto refinado, gastado, es la más alta instancia; aquí si que tiene el valor de la autoafirmación, el deleite de la autoafirmación ; en esto es un maestro consumado. A juzgar por algunas páginas, una forma preliminar de Baudelaire. Acompañantes Prescindiendo de la idea pueril acerca de la fuente de la ganancia, inmediatamente resalta aquí todo lo que hay de endeble y de confuso en esta concepción: para un fabricante de maquinaria, por ejemplo, la máquina es producto que circula como capital–mercancias o, para decirlo con las palabras de A. Smith: “De la que su productor, se separa, que cambia de poseedor, que se hace seguir circulando.” Por tanto, según su propia definición la máquina no sería un capital fijo, sino un capital circulante. Esta confusión responde, a su vez, al hecho de que A. Smith confunde la distinción entre el capital fijo y el capital circulante, nacida de las distintas clases de circulación de los diversos elementos del capital productivo, con las diferencias de forma por que atraviesa el mismo capital en la medida en que funciona dentro del proceso de producción como capital productivo y dentro de la órbita de la circulación, en cambio, como capital de circulación, es decir, como capital–mercancías o capital–dinero. Por tanto, según A. Smith, las mismas cosas pueden, según el lugar que ocupen en el proceso de vida del capital, funcionar como capital fijo (como medios de trabajo, elementos del capital productivo) o como capital “circulante”, como capital–mercancias (como producto que se desplaza de la órbita de la producción a la órbita de la circulación). Barcelona prostitutas Partimos, pues, del supuesto de que la reproducción simple, es decir, del supuesto de que d–m se desglosa completamente de D–M. Y, como ambas circulaciones, lo mismo m–d–m que M–D–M, pertenecen, en cuanto a su forma general, a la circulación de mercancías (y no presentan, por tanto, ninguna diferencia de valor entre los extremos), resulta fácil concebir el proceso capitalista de producción, al modo como lo hace la economía vulgar, como una simple producción de mercancías, de valores de uso destinados a una clase cualquiera de consumo y que el capitalista sólo produce para reponerlos por mercancías de otro valor de uso o para cambiarlos por ellas, que es lo que la economía vulgar falsamente sostiene. Madrid prostitutas La temprana o tardía transformación de la reposición de valor–dinero y, por tanto, en la forma en que el capital variable se desembolsa, constituye, sin duda, un hecho que no tiene absolutamente importancia en lo que se refiere a la producción de plusvalía. Esta depende de la magnitud del capital variable empleado y del grado de explotación del trabajo. Aquel hecho, por su parte, modifica la magnitud del capital–dinero que debe desembolsarse para, poder movilizar durante el año una determinada cantidad de fuerza de trabajo, y determina, por tanto, la cuota anual de la plusvalía. Escorts en valencia He hablado del espíritu alemán, señalando que se vulgariza y se vuelve superficial. ¿Es esto bastante? En el fondo, lo que me aterra es otra cosa: el hecho de que declina cada vez más la seriedad alemana, la profundidad alemana, la pasión alemana por las cosas del espíritu. No solamente la intelectualidad ha cambiado, sino también el pathos. Relax y saunas en Barcelona Estos distintos modos en que los medios de producción pueden emplearse para la formación del producto, unas veces manteniendo su forma independiente frente a éste, otras veces modificándola o perdiéndola por completo; esta distinción que afecta al proceso de trabajo como tal y que, por tanto, reza también con aquellos procesos de trabajo encaminados a la satisfacción de las propias necesidades, sin intercambio alguno, sin producción de mercancías, como los de la familia patriarcal, aparecen falseados en A Smith, por dos razones: 1° porque introduce aquí de un modo completamente inadecuado, la idea de la ganancia, la idea de que unos producen una ganancia a su propietario manteniendo su forma y los otros perdiéndola; 2° porque confunde las transformaciones sufridas por una parte de los elementos de producción en el proceso de trabajo con el cambio de forma referente al intercambio de los productos, a la circulación de las mercancías (compra y venta), que entraña al mismo tiempo el cambio de propiedad de las mercancías circulantes. Acompañantes Malaga En segundo lugar, el producto semanal engloba no sólo la totalidad del valor nuevo añadido en su producción por el trabajo semanal, sino también el valor de las materias primas y auxiliares que el producto semanal consume. Con el producto, circula este valor, contenido en él. La venta de este producto le hace recobrar la forma dinero y obliga a invertirlo de nuevo en los mismos elementos de producción. Esto se refiere tanto a la fuerza de trabajo como a las materias primas y auxiliares. Pero, ya hemos visto (cap. VI, 2, a. [pp. 129–135]), que la continuidad de la producción requiere la existencia de un stock de medios de producción que difiere según las distintas ramas industriales y que, dentro de cada una de ellas difiere a su vez con respecto a las distintas partes integrantes de este elemento del capital circulante, por ejemplo con respecto al carbón y al algodón. Por tanto, aunque estas materias necesiten reponerse constantemente en especie, no es necesario comprarlas constantemente de nuevo. La frecuencia con que se renueve la compra dependerá de la magnitud del stock existente y del tiempo más o menos largo que dure hasta que se agote. Respecto a la fuerza de trabajo no se necesita formar stocks. En cuanto a la parte del capital invertida de trabajo, la reversión a dinero se desarrolla paralelamente con la parte invertida en materias auxiliares y materias primas. Pero la reversión del dinero a fuerza de trabajo, de una parte, y de otra a materias primas, discurren por cauces distintos por razón de los distintos plazos de compra y de pago de estas dos clases de elementos, una de las cuales se compra como stock productivo a largo plazo y la otra, la fuerza de trabajo, a plazo corto, v. gr., por semanas. Por otra parte, el capitalista necesita tener, además del stock de producción, un stock de mercancías terminadas. Prescindiendo de las dificultades de la venta, etc., tiene que producir, por ejemplo, una determinada masa de mercancías por encargo. Y mientras se produce la última parte de éstas, la parte ya terminada tiene que aguardar en el almacén hasta el momento en que pueda ejecutarse el encargo en su totalidad. Otras diferencias en cuanto a la rotación del capital circulante se dan cuando algunos elementos de éste se ven obligados a permanecer más tiempo que otros en una fase previa del proceso de producción (secado de maderas, etc.). Relax en Sevilla En cambio, si el capital de 500 libras esterlinas se viese entorpecido periódicamente en su actividad productiva por el tiempo de circulación de 5 semanas, de tal modo que sólo volviese a ser capaz de producir al terminar todo el período de rotación de 10 semanas, tendríamos en las 50 semanas del año 5 rotaciones de 10 semanas cada una; encuadrados en ellas, 5 períodos de producción de 5 semanas, o sea, en conjunto, 25 semanas de producción, con un producto total de 5 X 500 = 2,500 libras esterlinas; y 5 períodos de circulación de cinco semanas, lo que haría un tiempo total de circulación de otras 25 semanas. Si decimos que el capital de 500 libras esterlinas pasa por cinco rotaciones al año, es patente y claro que este capital de 500 libras no funciona en modo alguno como teniendo en cuenta todas las circunstancias del caso; sólo habrá funcionado durante medio año, pero no durante los seis meses restantes. sexo y relax en Barcelona El hecho de que M sólo aparezca como premisa de M en esta forma III, dentro del propio ciclo, tiene su explicación en qué el punto de partida es el capital en forma de mercancías. El ciclo se abre con la inversión de M' (siempre y cuando que actúe como valor–capital, incrementado o no por la adición de plusvalía) en las mercancías que constituyen sus elementos de producción. Esta inversión engloba todo el proceso de circulación M – D – M ( = T + Mp) y es resultado de éste; M aparece, pues, aquí, en los dos extremos, pero el segundo extremo, cuya forma M le viene dada de fuera, del mercado de mercancías, por la operación D – M, no es el último extremo del ciclo, sino simplemente el término que abarca sus dos primeras fases, el proceso de circulación. Su resultado es P, cuya función se inicia entonces, el proceso de producción. Y es como resultado de éste y no del proceso de circulación como M' aparece al final del ciclo y bajo la misma forma que el extremo inicial M'. En cambio, en D... D', P... P, los extremos finales D' y P' son resultado directo del proceso de circulación. Por tanto, aquí D', por una parte, y por la otra P sólo al final se presuponen en otras manos. Siempre y cuando que el ciclo se desarrolle entre los extremos, ni D, en un caso, ni P, en el otro –la existencia do D como dinero ajeno y de P como proceso de producción de otro–, aparecen como premisa de estos ciclos. Por el contrarío, M'... M' presupone a M (= T + Mp) como mercancías ajenas en manos ajenas que el proceso inicial de circulación atrae al ciclo e incorpora al capital productivo, como resultado de cuya función M' se convierte en la forma final de aquél. escort Barcelona D) El capital global de 900 libras esterlinas, por ejemplo, debe dividirse en dos partes, como en el caso anterior: 600 libras para el período de trabajo y 300 para el período de circulación. La parte realmente invertida en el proceso de trabajo se reduce así en una tercera parte, de 900 libras a 600, con lo cual se reduce también en una tercera parte la escala de producción. Por otra parte, las 300 libras sólo funcionan para asegurar la continuidad del período de trabajo, haciendo que cada semana del año puedan invertirse en el proceso de trabajo 100 libras esterlinas. contactos eroticos
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Casuística de sicólogo. He aquí un conocedor de los hombres; ¿para qué estudia a los hombres? Quiere asegurarse pequeñas o grandes ventajas sobre ellos; ¡es un político! ... Aquel otro también es un conocedor de los hombres y no con fines egoístas. ¡Miradlo más de cerca! ¡Tal vez busque incluso una ventaja más grave: la de sentirse superior a los hombres, tener derecho a mirarlos por encima del hombro, distanciarse de ellos. Este “impersonal” desprecia a los hombres; aquel otro es la más humana de las dos especies, aunque la evidencia parezca demostrar lo contrario, pues, al menos, trata a los hombres en un plano de igualdad, sintiéndose como uno de ellos... relaciones ocasionales barcelona A continuación, A. Smith nos dice que de la renta neta, es decir, de la renta en sentido específico, hay que excluir todo el capital fijo, y además toda la parte del capital circulante necesaria para el sostenimiento y la reparación del capital fijo, así como para su renovación: es decir, en realidad todo el capital que no reviste una forma natural destinada al fondo de consumo. Prostitutas de lujo en Barcelona “En este aspecto, el capital circulante de una sociedad es muy diferente del de cada individuo. El de éste no representa de ningún modo parte alguna de su renta neta, que sólo puede consistir en sus beneficios. Ahora bien, aun cuando el capital circulante de toda persona particular forma parte del total de la nación a que dicho individuo pertenece, no por eso se excluye el que forme parte, al mismo tiempo, de la renta neta de esa misma comunidad. Aunque todos los bienes que hay en la tienda de un comerciante no se pueden incluir en las disponibilidades reservadas para su propio consumo, sí pueden serlo en el de otras personas, las cuales, con las rentas derivadas de otros fondos, pueden reponer regularmente al comerciante el valor de sus mercancías, acompañado de sus ganancias, y sin que esto disminuya ni el capital de este último ni el de ellos” (libro II, cap. II, p. 261). Por consiguiente: señorita de compañia en barcelona Sólo sé de un caso en que fuera puesta en tela de juicio la veracidad de una cita de Marx. Como se trata de un caso que ha venido arrastrándose hasta después de su muerte, no quiero omitirlo. modelo de compañía Si la producción de una máquina costase tanto trabajo como el que su empleo ahorra, es evidente que con ello no se haría más que operar un simple desplazamiento de trabajo, es decir, que la suma global del trabajo necesario para la producción de una mercancía no disminuiría, ni aumentaría tampoco la fuerza productiva del trabajo. Sin embargo, la diferencia entre el trabajo que la máquina cuesta y el trabajo que ahorra, o el grado de su productividad, no depende, evidentemente, de la diferencia entre su propio valor y el valor de la herramienta que suple. La diferencia subsiste mientras el costo de trabajo de las máquinas, y, por tanto, la parte de valor incorporada por ellas al producto, sean inferiores al valor que el obrero añadiría al objeto trabajado manejando su herramienta. Por consiguiente, la productividad de las máquinas se mide por el grado en que suplen la fuerza humana de trabajo. Según los cálculos de Mr. Baines, cada 450 husos "mule", con sus accesorios, movidos por un caballo de vapor, suponen 2 ½ obreros,28 y con cada selfacting mule spindle, durante una jornada de trabajo de 10 horas, 2 ½ obreros hilan 13 onzas de hilado por término medio, o sean 365 5 /8 de libras de hilado semanales. Como se ve, para transformarse en hilado, 366 libras de algodón aproximadamente (para no complicar el cálculo, prescindirnos de los desperdicios) sólo absorben 150 horas de trabajo, o sean 15 jornadas de trabajo de 10 horas; en cambio, con la rueda de hilar, suponiendo que el hilandero manual elabore 13 onzas de hilado en 60 horas, la misma cantidad de algodón absorbería 2,700 jornadas de trabajo de 10 horas, o sean 2 7, 000 horas de trabajo.28 bis Allí donde el viejo método del blockprinting o estampado de percal a mano se sustituye por el estampado a máquina, una sola máquina, asistida por un hombre o un chico, estampa en una hora, a cuatro colores, la misma cantidad de tela que antes 200 hombres en el mismo espacio de tiempo.29 Antes de que Eli Whitney inventase en 1793 el cottongin, el separar una libra de algodón de la cápsula costaba, por término medio, una jornada de trabajo. Gracias a este invento, se consiguió que un negra desmotase 100 libras de algodón en un día, sin contar los progresos hechos desde entonces por este artefacto. Una libra de fibra de algodón, que antes se producía a 50 centavos, podía venderse así –con mayor ganancia, es decir, incluyendo mayor cantidad de trabajo no retribuido– a 10 centavos. En la India, se emplea para separar la fibra de la semilla un instrumento que es a medias máquina y herramienta: la "churka", con la que un hombre y una mujer limpian 28 libras diarias. Con la "churka" inventada hace algunos años por el Dr. Forbes, pueden limpiar un hombre y un chico 250 libras al día empleando bueyes, vapor o agua como fuerza motriz, basta con que intervengan unos cuantos chicos y muchachas como feeders (es decir, para alimentar la máquina con material). Dieciséis máquinas de éstas movidas por bueyes, ejecutan en un día la tarea que antes exigía, por término medio, 750 personas durante una jornada.29 bis www.girlsbcn.org Pero, aun prescindiendo de esta desproporción y limitándonos a comparar los tipos de salarios expresados en dinero, no llegaríamos, ni con mucho, a un resultado satisfactorio. Antes de la epidemia de hambre, la gran masa de los jornales, en el campo, se abonaban en especie; sólo una parte pequeñísima se hacía efectiva en dinero; hoy, lo normal es el pago en metálico. Ya de este solo hecho desprende que, cualesquiera que fuesen las oscilaciones del salario real, su nivel en dinero tenía necesariamente que subir. “Antes de la epidemia de hambre, el jornalero del campo poseía un pedacito de tierra, en el que sembraba patatas y criaba cerdos y gallinas. Hoy, no sólo tiene que comprar todo lo que necesita para vivir. sino que además, ha perdido todo lo que antes ingresaba por la venta de los; cerdos, las gallinas y los huevos.”129 En realidad, antes los jornaleros del campo se confundían con los pequeños arrendatarios y formaban casi siempre la retaguardia de los grandes y medianos arriendos, en los que tenían siempre, trabajo. Es después de la catástrofe de 1846 cuando comienzan a aparecer como un fragmento de la clase de los simples braceros, como un sector social aparte, unido ya a sus patronos por el único vínculo del jornal en dinero. anuncios de sexo Los contingentes expulsados de sus tierras al disolverse las huestes feudales y ser expropiados a empellones y por la fuerza de lo que poseían, formaban un proletariado libre y privado de medios de existencia, que no podía ser absorbido por las manufacturas con la misma rapidez con que se le arrojaba al arroyo. Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fueron convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias. De aquí que, a fines del siglo XV y durante todo el XVI, se dictasen en toda Europa occidental una serie de leyes persiguiendo a sangre y fuego el vagabundaje. De este modo, los padres de la clase obrera moderna empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos. La legislación los trataba como a delincuentes “voluntarios” como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones, ya abolidas.
La jornada de trabajo no representa, por tanto, una magnitud constante, sino variable. Una de las dos partes que la integran se halla condicionada por el tiempo de trabajo requerido para la reproducción continua del propio obrero, pero su duración total cambia al cambiar la longitud o duración del trabajo excedente. Es decir, que la jornada de trabajo es susceptible de determinación, pero no constituye de suyo un factor determinado.1 saunas barcelona 104 Las leyes de protección contra la maquinaria peligrosa han surtido beneficioso efecto. "Pero... ahora existen nuevas fuentes de accidentes que no se conocían hace 20 años, comenzando por la velocidad acelerada de las máquinas. Los volantes, los cilindros, los husos y los telares se mueven ahora con una velocidad redoblada y cada día mayor; los dedos tienen que coger más rápidamente y con mayor seguridad la hebra rota, pues si andan con vacilaciones e imprudencias, corren el peligro de verse aplastados...Un gran número de accidentes se deben al celo que ponen los obreros en ejecutar aceleradamente su trabajo. No hay que olvidar que para el patrono es de la mayor importancia tener en movimiento su maquinaria sin interrupción, es decir, producir hilo y tejido ininterrumpidamente. Cada parada de un minuto no acarrea solamente una pérdida de fuerza motriz, sino también una pérdida de producción. Los obreros se ven constantemente azuzados por los vigilantes, interesados en la cantidad de producto, para que mantengan en marcha la maquinaria. La cosa tiene también gran importancia para los obreros que cobran por peso o por piezas. Por eso, aunque en la mayoría de las fábricas esté formalmente prohibido limpiar las máquinas en marcha, es una práctica usual y corriente. Esta práctica ha ocasionado, durante los últimos 6 meses solamente, 906 accidentes del trabajo...Si bien las operaciones de limpieza se ejecutan diariamente, se suelen destinar los sábados a limpiar concienzudamente las máquinas, haciéndose casi siempre en marcha...Como se trata de una operación no retribuida, los obreros procuran despacharla lo antes posible. He ahí por qué los viernes, y sobre todo los sábados, el número de accidentes del trabajo es muy superior al de los demás días de la semana. Los viernes, el número medio de accidentes de trabajo suele rebasar en un 12 por 100 al de los cuatro primeros días de la semana; los sábados, el exceso viene a ser de un 25 por ciento sobre los cinco días anteriores; pero si tenemos en cuenta que los sábados la jornada fabril sólo es de 7 ½ horas, resulta un exceso de más del 65 por ciento." (Reports of Insp. of Factories for etc. 31 st October, 1866, Londres, 1867. pp. 9, 15, 16, 17.) sofiabcn.com Finalmente, imaginémonos, para variar, una asociación de hombres libres que trabajen con medios colectivos de producción y que desplieguen sus numerosas fuerzas individuales de trabajo, con plena conciencia de lo que hacen, como una gran fuerza de trabajo social. En esta sociedad se repetirán todas las normas que presiden el trabajo de un Robinson, pero con carácter social y no individual. Los productos de Robinson eran todos producto personal y exclusivo suyo, y por tanto objetos directamente destinados a su uso. El producto colectivo de la asociación a que nos referimos es un producto social. Una parte de este producto vuelve a prestar servicio bajo la forma de medios de producción. Sigue siendo social. Otra parte es consumida por los individuos asociados, bajo forma de medios de vida. Debe, por tanto, ser distribuida. El carácter de esta distribución variará según el carácter especial del propio organismo social de producción y con arreglo al nivel histórico de los productores. Partiremos, sin embargo, aunque sólo sea a título de paralelo con el régimen de producción de mercancías, del supuesto de que la participación asignada a cada productor en los medios de vida depende de su tiempo de trabajo. En estas condiciones, el tiempo de trabajo representaría, como se ve, una doble función. Su distribución con arreglo a un plan social servirá para regular la proporción adecuada entre las diversas funciones del trabajo y las distintas necesidades. De otra parte y simultáneamente, el tiempo de trabajo serviría para graduar la parte individual del productor en el trabajo colectivo y, por tanto, en la parte del producto también colectivo destinada al consumo. Como se ve, aquí las relaciones sociales de los hombres con su trabajo y los productos de su trabajo son perfectamente claras y sencillas, tanto en lo tocante a la producción como en lo que se refiere a la distribución. bcnbox.com El preludio de la transformación que ha de echar los cimientos para el régimen de producción capitalista, coincide con el último tercio del siglo XV. El licenciamiento de las huestes feudales –que, como dice acertadamente Sir James Steuart, “invadieron por todas partes casas y tierras”– lanzó al mercado de trabajo a una masa de proletarios libres y privados de medios de vida. El poder real, producto también del desarrollo de la burguesía, en su deseo de conquistar la soberanía absoluta, aceleró violentamente la disolución de las huestes feudales, pero no fue ésta, ni mucho menos, la única causa que la provocó. Los grandes señores feudales, levantándose tenazmente contra la monarquía y el parlamento, crearon un proletariado incomparablemente mayor, al arrojar violentamente a los campesinos de las tierras que cultivaban y sobre las que tenían los mismos títulos jurídicos feudales que ellos, y al usurparles sus bienes de comunes. El florecimiento de las manufactureras laneras de Flandes y la consiguiente alza de los precios de la lana fue lo que sirvió de acicate directo, en Inglaterra, para estos abusos. La antigua aristocracia había sido devorada por las guerras feudales, y la nueva era ya una hija de los tiempos, de unos tiempos en los que dinero es la potencia de las potencias. Por eso enarboló como bandera la transformación de las tierras de labor en terrenos de pastos para ovejas. En su Description of England. Prefixed to Holinshed's Chronicles, Harrison describe cómo la expropiación de los pequeños agricultores arruina al país. “What care our great incroachers!” (¡Qué se les da de esto a nuestros grandes usurpadores!) Las casas de los campesinos y las viviendas de los obreros fueron violentamente arrasadas o entregadas a la ruina. “Consultando los viejos inventarios de las fincas señoriales –dice Harrison–, vemos que han desaparecido innumerables casas y pequeñas haciendas de campesinos, que el campo sostiene a mucha menos gente, que muchas ciudades se han arruinado, aunque hayan florecido otras nuevas... También podríamos decir algo de las ciudades y los pueblos destruidos para convertirlos en pasto de ganados y en los que sólo quedan en pie las casas de los señores.” Aunque exageradas siempre, las lamentaciones de estas viejas crónicas describen con toda exactitud la impresión que producía en los hombres de la época la revolución que se estaba operando en las condiciones de producción. Comparando las obras de Tomás Moro con las del canciller Fortescue, es como mejor se ve el abismo que separa al siglo XV del XVI. Como observa acertadamente Thornton, la clase obrera inglesa se precipitó directamente, sin transición, de la edad de oro a la edad de hierro. papeleria corporativa El lace finishing se explota como trabajo a domicilio, bien en las llamadas “Mistresses Houses”, bien por mujeres que trabajan en sus propias casas ellas solas o con sus niños. Las mujeres que regentean “Mistresses Houses” son también pobres. El local de trabajo forma parte de su vivienda. Estas mujeres reciben encargos de los fabricantes, dueños de bazares, etc., y emplean a un número de mujeres, muchachas y niños pequeños, que varía según las proporciones de su cuarto y las fluctuaciones de la demanda. En unos locales, el número de obreras empleadas oscila entre 20 y 40; en otros, entre 10 y 20. La edad mínima en que comienzan a trabajar los niños es, por término medio, la de 6 años, si bien hay algunos menores de 5. La jornada normal de trabajo dura desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche, con 1 ½ horas para las comidas, las cuales no son nunca fijas y se hacen no pocas veces en los mismos tugurios malolientes en que se trabaja. Cuando el negocio marcha bien, el trabajo dura, a veces desde las 8 (y a temporadas, desde las 6) de la mañana hasta las 10, las 11 o las 12 de la noche. En los cuarteles de Inglaterra, el espacio reglamentario que debe reservarse a cada soldado es de 500 a 600 pies cúbicos, y en los lazaretos militares de 1,200. En estos tugurios en que trabajan las puntilleras, tocan a unos 67 a 100 pies cúbicos por persona. Además, la luz de gas absorbe el oxígeno del aire. Para no manchar las puntillas, es frecuente que se obligue a los niños a descalzarse, aun en pleno invierno, en cuartos en que el piso es de piedra o de ladrillos. “No es nada extraordinario encontrar en Nottingham a 14, a 20 niños, comprimidos en un cuartucho que acaso no tiene más que 12 pies cuadrados, consagrados 15 horas de las 24 que trae el día a un trabajo que es ya agotador de por sí por su aburrimiento y monotonía, y además en las condiciones más malsanas que puedan imaginarse... Hasta los niños más pequeños trabajan con una concentración y una celeridad asombrosas, sin dar jamás descanso a sus dedos ni amortiguar sus movimientos. Si se les habla, no levantan la vista de la labor, por miedo a perder un minuto de trabajo.” El “palo largo” sirve a las “Místresses” como estímulo, administrado en la proporción en que la jornada de trabajo se alarga. “Los niños van agotándose poco a poco y se convierten en seres desasosegados como los pájaros, conforme va acercándose el término de su largo encadenamiento a una faena monótona, mortífera para los ojos, agotadora por la posición constante en que hay que mantener el cuerpo. Es un verdadero trabajo de esclavos.” (“Their work is like slavery.”) 174 Y la situación es peor todavía, sí cabe, cuando las mujeres trabajan con sus niños en casa, entendido esto en sentido moderno, es decir, en un cuarto arrendado, que no pocas veces es un cuartucho en una buhardilla. Esta clase de trabajos se dan a domicilio, a 80 millas en la periferia de Nottingham. Cuando el muchacho, después de trabajar en el bazar todo el día, se marcha a su casa a las 9 o las 10 de la noche, le entregan, no pocas veces, un hatillo con labor para que la termine en su domicilio. Claro está que el fariseo capitalista, representado por uno de sus siervos asalariados, acompaña el encargo con la frase untuosa de “esto para tu madre”, pero sabe sobradamente que el pobre chico tendrá que sentarse también a ayudar, después de haber hecho una jornada entera de trabajo.”175 discotecas en valencia Conocidos estos pocos datos, se comprende el grito de triunfo lanzado por el director general del censo del pueblo inglés: “A pesar de haber crecido tan rápidamente, el crecimiento de la población no guarda proporción con el progreso de la industria y la riqueza.”37 Volvamos la vista ahora a los agentes directos de esta industria o a los productores directos de esta riqueza, a la clase obrera. “Uno de los rasgos más tristes que caracterizan el estado de este país –dice Gladstone– es que, a medida que desciende el poder de consumo del pueblo y aumentan las privaciones y la miseria de la clase trabajadora, se advierte una acumulación constante de riqueza en las clases altas y un incremento constante de capital.”38 Así, literalmente, se expresó este melifluo ministro en la Cámara de los Comunes, el 13 de febrero de 1843. El 16 de abril de 1863, veinte años más tarde, dice, en el discurso de presentación del presupuesto: “De 1842 a 1852, la renta tributable del país aumentó en un 6 por 100... En los 8 años que van desde 1853 a 1861, el aumento fue, si partimos de la base de 1853, del 20 por 100. Tan asombroso es el hecho, que parece casi increible... Este incremento embriagador de poder y de riqueza... se limita por entero a las clases poseedoras, pero... pero tiene por fuerza que favorecer indirectamente a la población obrera, puesto que abarata los artículos de primera necesidad; mientras los ricos se hacen más ricos, los pobres consiguen, por lo menos, ser menos pobres. Lo que no me atrevo a afirmar es que se hayan reducido los extremos de la pobreza.”39 ¡Qué pobre salida! El hecho de que la clase obrera siga siendo “pobre”, sólo que “menos pobre”, a medida que crea un “incremento embriagador de poder y de riqueza” para la clase detentadora de la propiedad, no quiere decir que, en términos relativos, no siga siendo tan pobre como antes. Y si los extremos de la pobreza no han disminuido, han aumentado, al aumentar los extremos de la riqueza. En cuanto al abaratamiento de los artículos de primera necesidad, la estadística oficial, por ejemplo los datos del London Orphan Asylum, registran un encarecimiento del 20 por 100 en el promedio de los tres años de 1860 a 1862, comparado con el de 1851 a 1853. En los tres años siguientes, 1863 a 1865, tenemos un encarecimiento progresivo de la carne, la manteca, la leche, el azúcar, la sal, el carbón y otra multitud de artículos de primera necesidad.40 El siguiente discurso presupuestario de Gladstone, pronunciado el 7 de abril de 1864, es ya un ditirambo pindárico a los progresos de la especulación y a la dicha del pueblo, un poco atenuada por la “pobreza”. En este discurso, habla de las masas que están “al borde del pauperismo”, de las ramas industriales “en que no han subido los salarios”, y termina resumiendo la suerte de la clase obrera en estas palabras: “La vida del hombre no es, en el noventa por ciento de los casos, más que una lucha por la existencia.”41 Y, dicho en términos todavía más generales: ¿qué es la vida humana, en la mayoría de los casos, más que una lucha por la existencia? restaurantes en girona Al expresar su esencia de valor como algo perfectamente distinto de su materialidad corpórea y de sus propiedades físicas, v. gr. como algo análogo a la levita, la forma relativa de valor de una mercancía, del lienzo por ejemplo, da ya a entender que esta expresión encierra una relación de orden social. Al revés de lo que ocurre con la forma equivalencial la cual consiste precisamente en que la materialidad física de una mercancía, tal como la levita, este objeto concreto con sus propiedades materiales, exprese valor, es decir, posea por obra de la naturaleza forma de valor. Claro está que eso sólo ocurre cuando este cuerpo se halla situado dentro de la relación de valor en que la mercancía lienzo se refiere a la mercancía levita como equivalente suyo.23 Pero como las propiedades de un objeto no brotan de su relación con otros objetos, puesto que esta relación no hace más que confirmarlas, parece como si la levita debiera su forma de equivalente, es decir, la propiedad que la hace susceptible de ser directamente cambiada, a la naturaleza, ni más ni menos que su propiedad de ser pesada o de guardar calor. De aquí el carácter misterioso de la forma equivalencial carácter que la mirada burguesamente embotada del economista sólo advierte cuando esta forma se le presenta ya definitivamente materializada en el dinero. Al encontrarse con el dinero, el economista se esfuerza por borrar el carácter místico del oro y la plata, colocando en su puesto mercancías menos fascinadoras y recorriendo con creciente regocijo el catálogo de toda la chusma de mercaderías a las que en otros tiempos estuvo reservado el papel de equivalentes de valor. Sin sospechar siquiera que este misterio de la forma equivalencial se encierra ya en la expresión más simple del valor, v. gr. en la de 20 varas de lienzo = 1 levita. Piso BCN 212 Según la ley fabril inglesa, los padres no pueden enviar a sus hijos menores de 14 años a las fábricas “controladas” sin enviarlos al mismo tiempo a la escuela primaria. El fabricante es responsable de la observancia de la ley. “La enseñanza en la fábrica es obligatoria y una de las condiciones del trabajo.” (Reports of Insp. of Fact. 31st Oct. 1863, p.111)